La importancia de la guadua enla vida de losaborígenes que poblaronloque hoy son los territorios del Antiguo Caldas y las regiones vecinas no ofrece dudas, como tampoco el extenso uso que tuvo ese bambú en otras áreas de Colombia y de América.388 Sobre su gran abundancia en la zona de este estudio, las narraciones de los cronistas que vinieron con los conquistadores españoles dicen que hubo
muy grandes y espesos cañaverales, tanto, que no se puede andar por ellos si no es con gran trabajo, porque toda esta provincia y sus ríos están llenos destos cañaverales. En ninguna parte de las Indias no he visto ni oído adonde haya tanta multitud de cañas como en ella.389
Los cronistas de Indias que vinieron con los conquistadores las describieron así:
Estas guadubas son muy gruesas cañas, huecas y altas sobre seis estados, de que rodean mucho sus cabañas... Tal planta es que nunca lleva fruto ni de viciosa hoja se cobija, sino ramo de puntas mal instruto... ...son cañas altas, huecas, pero duras, tanto que no tendré por gran exceso comparallas en estas escripturas a la dureza del humano hueso: largos cañutos son sus coyunturas, como muslo de un hombre lo más grueso.390.
De guadua se construyeron puentes, escaleras, balsas, recipientes para líquidos, conducciones de agua, armas, postes ceremoniales, jaulas para prisioneros, tumbas, palenques, atalayas, plazas ceremoniales, instrumentos musicales, viviendas, etc.391 La guadua fue, a no dudarlo, la principal madera de las tribus agrupadas bajo el genérico nombre de los quimbaya. Debió ser una bendición para unos grupos étnicos que aún empleaban instrumentos líticos, tropezar con una especie vegetal con las características y posibilidades de la guadua.
En el caso de la construcción de las edificaciones y de su organización territorial, las crónicas tienen sus limitaciones, pero se puede tener una idea de lo ocurrido. De acuerdo con Trimborn,
el hecho de que los poblados predominaran en forma de aldeas y no de chozas dispersas se refleja con tal regularidad en las descripciones de los testigos oculares que hace innecesaria su demostración documentada.392
Esos poblados, de cuya planta no se conocen detalles, los conformaban pequeñas viviendas, como en el caso de los quimbaya y paucura, o chozas relativamente grandes, para varias familias, como sucedió entre los pozos,393 pero siempre, de planta circular y techo cónico.394 Las casas de los caciques pozo, según Cieza, eran edificios circulares, altos y grandes, y servían de morada a diez o quince habitantes.395
Fue común construir, frente a las edificaciones de los caciques y ante pequeños grupos de “buhíos”, empalizadas de guaduas que convertían las “plazas” en una especie de fuerte en el cual había también una atalaya erigida con el mismo material. Los indios arma tienen grandes fortalezas de las cañas gordas que he dicho, arrancadas con sus raíces y cepas, las cuales tornan a plantar en hileras de veinte en veinte por su orden y compás, como calles; en mitad de esta fuerza tienen, o tenían cuando yo lo vi, un tablado alto y bien labrado de las mismas cañas, con su escalera para hacer los sacrificios.396
También con guadua construyeron otros elementos que, no obstante su naturaleza trágica, hicieron parte de lo que podría denominarse su arquitectura. Entre los indios picara,
a las puertas de las casas de los caciques hay plazas pequeñas, todas cercadas de las cañas gordas, en lo alto de las cuales tienen colgadas las cabezas de los enemigos... Por lo bajo de las cañas hacen agujeros por donde el aire pueda respirar cuando algún viento lo levanta: hacen gran sonido, parece música de diablos.397
Pero a pesar del obvio empleo de la guadua en las construcciones, Víctor Manuel Patiño, en su exhaustiva obra, hizo una clara advertencia:
Aunque debió ser muy extenso el uso de la guadua para la construcción de viviendas, se señala el hecho por rareza en las fuentes primitivas.398
Es probablemente por ello, entonces, que no existe ningún dato explícito que muestre a la gramínea empleada como esterilla o como lata de guadua ni revocada con tierra en la región del Antiguo Caldas, por lo menos en las obras de Trimborn y Patiño. De que se hacían muros “de guaduas” no hay duda; inclusive, en algunos casos en las empalizadas utilizaron el material vivo; pero de muros de bahareque, con la guadua en esterilla o en latas y revocada o embutida con tierra, no hay referencias exactas para la región quimbaya. Cuando mucho, Patiño encontró en las crónicas la descripción de un palenque de los indios pantágora, cerca del río Samaná, en la vertiente caldense del Magdalena, con los muros construidos así:
Los dos frentes, que cada uno sería de anchor de cien pies, tenían cada uno dos rengleras o paredes de ciertos palos llamados guaduas, apartada la una pared de la otra, entre las cuales habían echado gran cantidad de otros maderos y paja seca y tierra y piedras de moler y fajina o rama, de suerte que tenían hecha una bien recia trinchera.399
Patiño sí halló informes sobre guadua en esterilla, aunque no revocada con tierra, pero en Guayaquil, y ya en los principios del siglo XVIII: “Lábranlas... de cañas silvestres, que las hay tales, que hacen dellas tablas de palmo y medio y dos palmas de ancho”.400
De lo dicho no debe concluirse que se niegue de plano el empleo del bahareque entre los quimbayas. Simplemente, se muestra que no hay afirmaciones, entre quienes conocieron esas culturas antes de que empezara la influencia española, que prueben su existencia. Pero probablemente nuevas investigaciones permitan demostrar lo contrario, dado que las construcciones de “tierras y cañas” son una constante de todos los pueblos del globo terráqueo, incluyendo a los americanos, una vez empieza el sedentarismo. La dificultad estriba en que las construcciones en madera generalmente no dejan vestigios arqueológicos y en que cualquier otra crónica posterior a las de los primeros conquistadores puede no ser de fiar ante la rapidez con que suelen presentarse los procesos de transculturación, sobre todo entre pueblos sojuzgados.
Por otra parte, resulta cuando menos una exageración suponer –porque nadie lo ha demostrado– que la llamada “arquitectura de la colonización antioqueña” posee una fuerte influencia tecnológica precolombina proveniente de los pueblos que habitaron las vertientes del río Cauca, cuando a lo sumo apenas puede comprobarse el empleo del mismo material. Entre una vivienda de planta circular y techo cónico de paja y una de planta cuadrada o rectangular y cubierta de teja de barro –así ambas sean de bahareque– median complicaciones técnicas bien distintas y siglos de evolución, como los que median entre una en la cual la puerta también juega el papel de la ventana y el momento en que estas dos funciones se diferencian y especializan.401 Lo verdaderamente extraño sería que civilizaciones con culturas, herramientas y tecnologías tan diversas, hubieran producido una simbiosis tan fuerte como la que habría de derivarse de un producto cuyo “aspecto constructivo” se ubica en la “herencia indígena”.402 Entre tanto no aparezcan pruebas que indiquen lo contrario, resulta más sensato inferir que los problemas constructivos y estructurales propios de los esquemas arquitectónicos heredados de la colonia española se resolvieron –con base en las posibilidades propias del empleo de los metales– a partir de las tradiciones europea